Es
necesario partir que no es lo mismo ser
responsable que obediente, por ejemplo hay educadores que constantemente
dan órdenes a los niños para que realicen una determinada tarea o
impensadamente una determinada conducta: “al llegar debes sacar tu cuaderno de
tu mochila...”. Para determinar si el niño es responsable la palabra clave no es la repetición de las
acciones que debe realizar en el aula, ya que el niño por su naturaleza, en el
caso anterior nos da a conocer que es obediente. Por ello la referirnos a
responsabilidad es cuando el niño sin que se le repita una y otra vez la acción
a seguir, se comporta adecuadamente, ya que comprende por cuenta propia que es
lo que debe o no debe hacer, si está bien o mal. A pesar de esto, también
debemos de estar conscientes que quien debe ser más responsable debe siempre
ser el docente, ya que es quien pone el ejemplo ante sus alumnos. Además, el
maestro es quien lleva a cuestas la “responsabilidad” del grupo, pues tiene que
desempeñar distintas funciones en las que se marca lo que debe de hacer, si lo
hace bien y con compromiso, entonces es responsable. También cuando se falla se
es responsable, siempre y cuando se asuma que se ha cometido un error y se
trate de reparar el efecto de la conducta aplicada.
El respeto
en las aulas es completamente esencial para formar y moldear individuos que
sepan respetar al resto de personas en un futuro. Pensemos que en esas edades,
las aulas son un microcosmos. Todo sucede en ellas. Así, en este mundo
paralelo, es necesario que los docentes enseñen a los niños y adolescentes que
el respeto es la base de una buena convivencia. Algo que les será de muchísima
utilidad en el futuro. Cuando respetamos a alguien estamos demostrando que
vemos a esa persona tan valiosa o más que nosotros. Por tanto, este respeto
crea relaciones positivas con un trato digno; y es que respetar a alguien
implica tratarlo con dignidad. Para que los jóvenes aprendan el valor del respeto
es necesario que lo aprendan en las aulas a través del respeto a sus compañeros
y a los docentes. Así podrán seguir usándolo fuera de clase. Este respeto en
las aulas debe basarse en varios puntos. Para empezar, es necesario aceptar las
diferencias. Así, los docentes deben inculcar en los jóvenes que hay que
respetar la religión etnia o signo político de cada una de las personas.
La ética
también se refiere al deber moral en el comportamiento del docente en las
instituciones educativas que le competen, el cual debe de realizar con
responsabilidad e impartiendo el conocimiento de la verdad. "La educación
del hombre es el resultado de influencias internas y externas que lo llevan a
desarrollar habilidades que lo hacen una mejor persona, que pueda construir un
mundo donde se encuentre respeto, tolerancia, armonía y amor. Es del dominio
público que los valores están desapareciendo, debido al desconocimiento y su
aplicación total o parcial de las normas éticas por parte de los docentes, en
las aulas escolares de educación primaria de nuestro país, Los códigos de
ética, han sido diseñados para regular las acciones humanas ante la sociedad y
lograr la mejor realización del sujeto en su ambiente profesional.
Un profesor
empático genera simpatía y aceptación en
sus alumnos y tendrá los recursos necesarios para desarrollar esta capacidad en
cada uno de sus alumnos.
El docente
como líder en su clase, coordinador de las actividades del aprendizaje,
propiciará que el alumno pueda adquirir sentimientos de superación, de valor
personal, de estimación, un concepto favorable
de sí mismo o todo lo contrario, sentimientos de minusvalía, frustración,
apatía e inadecuación.
Al hablar
de la empatía en la docencia hemos de hacer referencia a la empatía del docente
y a la empatía de los alumnos. Dado que de la personalidad del profesor, y de
su nivel de relación con los alumnos depende en gran medida el éxito o fracaso de estos en los estudios, debemos dedicar
parte de nuestra atención a las capacidades emocionales de los docentes.
Existen momentos en los que los esfuerzos individuales son necesarios. La planificación de una
actividad, la reflexión sobre los propios éxitos, la memorización de un tema, la escritura de un
artículo, son actividades que suelen ser más fructíferas cuando se realizan en soledad.
Los esfuerzos individualistas consisten en trabajar solos para alcanzar objetivos no relacionados
con los de los demás e independientes de ellos. El hecho de que un individuo cumpla su objetivo
no influye sobre el hecho de que otros alcancen los suyos.
De entre
las capacidades propias de la inteligencia emocional hemos elegido para ésta
exposición el desarrollo de la empatía en el docente, por entender que es la
base sobre la que se sustenta todo el proceso educativo. Los alumnos tienden a
estudiar más aquella materia que le transmite un docente con el que empatizan y
menos aquella que es la materia de enseñanza de un profesor por el que no
sienten nada, en el mejor de los casos, o por el que sienten una cierta
aversión. De ahí que prestemos especial atención al desarrollo de la capacidad
empática en la persona del docente. Por una simple razón: porque nadie puede
dar lo que no tiene.